Esta técnica fue toda una experiencia sensorial para los niños, desde la preparación del papel para la masa, hasta los últimos detalles de pintura del trabajo final.
Primero Fue el Rasgado
Rasgar fue, para los niños más grandes, algo así como un déjà vu. Casi todos me decían que recordaban sus primeros años en el jardín o el colegio, haciendo rasgado en compañía de sus primeros amiguitos. Hasta aquí todo fue felicidad. Los más pequeños, que vivían su primera experiencia en rasgado, también lo disfrutaron con la misma intensidad.
La Masa y Sus Emociones
Empezar a mezclar y preparar la masa con agua y pegamento generó todo tipo de emociones: el deseo de lavarse las manos constantemente... o de empezar a trabajar directamente en la obra. Aquí no había término medio.
Lo que realmente ocurrió durante estas primeras clases fue una estimulación sensorial increíble y el desarrollo al máximo de la motricidad fina y la imaginación. Los niños estaban aprendiendo sobre texturas y volumen sin que nadie se los explicara de manera abstracta —lo sentían con las manos.
La Recta Final: Creatividad en Colores
Ya en los últimos detalles y la pintura, fue un encuentro verdadero con la creatividad y con los colores favoritos de cada quien. Las narrativas que emergieron fueron tan bonitas como las obras mismas:
"Mi trabajo es un gato enroscado en el sol."
"Mi árbol tiene los colores del otoño porque me encanta."
"Este árbol todavía no tiene hojas, porque es un árbol de invierno."
Cada pequeño artista recurrió a la imaginación para darle ese toque personal y único a una obra hecha con el corazón.
Galería de Artistas
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25 artistas participaron en esta muestra







